martes, 22 de junio de 2010

Opinión | Resaca amarilla (I)

Tras días, muchos días sin actualizar por diversos temas, entre ellos la vagancia, me gustaría analizar las finales. Ahora ya calmado, sin la excitación del séptimo partido y con la mente más fría me veo capacitado desglosar un poco lo que ocurrió, lo que vi y como lo vi.

Muy felices nos las deseábamos los aficionados Lakers al comienzo. Un partido sin demasiadas complicaciones el primero en el Staples. Una buena defensa y en ataque el dúo Bryant-Gasol. Lo que hace a Lakers ser el mejor equipo de la liga, salto a escena. El partido permaneció igualado hasta que los de Phil Jackson metieron la quinta marcha, o la sexta, ¡vete tu a saber!


Ese estado en el que Bryant está intratable y Gasol enseña sus fundamentos para el baloncesto. Mientras tanto Artest paraba el ataque Celtic. Partido ganado. 1-0, Lakers se van a comer el mundo.

Pero...

El orgullo verde salio a relucir. Lo hizo cuando tras el primer partido dominado por los angelinos. Lo hizo cuando vieron la cuesta para llegar al titulo. Se colocaron las botas de escalar, la mochila con provisiones y de mano, de la muñeca mejor dicho, del 'Sherpa' Ray Allen ametrallando el aro angelino se hizo con la victoria. 8 de 11 desde la linea de tres. ESPECTACULAR. Y es que cuando Allen está On fire, es el asesino silencioso que te va matando poco a poco, como la canción.


Victoria en el Staples y igualdad en las finales. En ese momento sonó y mucho el Beat L.A. Ese grito de guerra, del que hablaré en los próximos días, que mantiene siempre las esperanzas verdes en todo lo alto.

Estas buenas noticias duraron poco en Massachusetts, Fisher capitaneo a los suyos en el asalto del Garden. 11 puntos en el último devolvía a los angelinos la ventaja y quitaba a Fisher 5 o 6 años para que pareciese un rápido base penetrador al puro estilo Derrick Rose. La imagen de tres pesos pesados de los Celtis cayendo tras una bandeja de Fisher que darás para la historia de la NBA.

2-1 para Lakers ganando fuera de casa demostrando que eran capaces de vencer en el Garden y despejando las dudas de su juego y los miedo verdes que les velaban todas las noches.

Este miedo lo volvió a meter en el cuerpo Glen 'Big Baby' Davis al realizar un buen partido saliendo del banco. Quien mejor que Davis para, con su traviesa lengua provocadora, decir bien alto que los Celtics son los Celtics y que para ganar dos encuentros seguidos en el Garden hay que comer muchos petit suisses. Y así fue. El gran trabajo de los hombres de banquillo con Nate Robinson acompañando a Davis fueron determinantes para igualar la final y dar al menos dos partidos de emoción más. Y hubo más de dos.


Mañana habrá una segunda entrega, para no poner un post demasiado largo. Espero que me hayáis echado de menos y si no es así. ¡Disimulad y mentid!

Fotos vía Nba Fans

1 comentarios:

Almanzor dijo...

Los primeros 5 partidos de las finales tuvieron un poco de todo. Me gustó que surgieran "actores secundarios" como Fisher y Davis. La NBA los necesita y mucho.

saludos

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